Tuesday, March 21, 2006

ANTÍGONA

PÉREZ BARRERA SARAHI
CRÓNICA (OBRA DE TEATRO)
Una sala semillena esperaba ansiosa la aparición de la que prometía ser una magnífica obra de teatro, las personas arribaron presurosas antes de comenzada la función, ocupando los lugares del Teatro que sería la sede de dicha representación: Juan Ruiz de Alarcón.

Al punto de las 20:00 horas se abrió el telón y cuatro actores hicieron su aparición en la escena, los espectadores se llenaron de alegríanal ver a estos seres que personificarían la tragedia de la pequeña Antígona, que guió los pasos de su ciego padre Edipo y desafió las reglas por amor a sus semejantes y consanguíneos.

Al unísono, actores y espectadores encarnaban la historia de Antígona y Edipo, los primeros, por su parte, hicieron uso de recursos escénicos que intentaban mantener la completa atención de los segundos, quienes sin embargo, al paso de los minutos lanzaban sollozos y arrojaban bostezos, signos de su aparente aburrición.

Los diálogos transmitidos en forma de prosa que acompaña a la poesía, llenos de drama, de ritmo y de tragedia, fueron recibidos por los jóvenes espectadores con cierta apatía, por allá en los rincones se escuchaban los murmullos, el cuchicheo de quienes no habían sido atrapados por Antígona, más tarde se percibía el pequeño titilar de los teléfonos celulares, que con sus obtusos juegos y la transmisión de mensajes, sí lograron captar la atención de los presentes.

Con forme el tiempo pasaba, los actores se empapaban de sudor, se entregaban y se transformaban en seres que manifestaban ideas, que reclamaban no sólo las tragedias antiguas, sino también las contemporáneas, sin embargo, su preciada concentración se vio interrumpida por el sonar de un teléfono detrás del recinto, que inquietaba a actores y a espectadores, quienes encontraron su aparente calma cuando cesó el constante replicar de aquel aparato, minutos después.

La función continuó, Antígona y sus acompañantes, que constantemente jugaban con las actuaciones al intercambiar personajes, gritaron a través de versos calmos y suaves, su furia contra aquellos gobiernos opresivos, ante las manifestaciones del poder que rechaza y tortura.

De manera repentina, las luces vieron su fin, los espectadores, intranquilos, esperaron pacientes un par de segundos, cuando de la nada, figuraron luces que titilaban al frente, en el escenario, certeramente, se trataba de otro más de los muchos recursos escénicos empleados por la producción, que nuevamente se vio interrumpida por la “hazaña” de otro espectador.

Se trataba de una joven, que minutos antes había comenzado a disparar el flash sin cesar, el sonido se tornó molesto, la gente mostró su disgusto, y cuando hubieron regresado las luces, uno de los actores le indicó con el dedo que no debía hacerlo, seña que la muchacha no comprendió, pues el molesto ruido de la cámara siguió su faena.

Sólo momentos antes de finiquitada la función, la joven dejó de insistir, de manera que la obra siguió su marcha...

Los actores, inmersos en su interpretación, comenzaron a emitir esplendorosos sonidos que se articulaban y conjugaban de manera rítmica, bella y melancólica, era música viva, creada en el corazón de los versos, de la historia, de la tragedia, del dolor, que, no obstante, no atrajo la completa atención del público, pues por momentos la tranquilidad y el silencio reinaban en la sala, pero por otros, se veía irrumpida por el cuchicheo, los bostezos y hasta el crujir de los estómagos hambrientos.

Cerca de las 21:00 horas la obra vio su fin y los actores recibieron su merecida ovación al realizar el acostumbrado ritual de salir y entrar al escenario para obtener las aclamaciones, la gente, somnolienta, abandonó lentamente el recinto, aunque no todos los espectadores, la joven aficionada a la cámara entabló una conversación con los actores, de donde salieron las palabras “es una falta de respeto para la gente”.

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