Friday, July 07, 2006

TRANSPORTE PARA DESVELADOS

Sarahi Pérez y Rafael Montes
Caricaturas: René Álvarez
Texto: Revista GLORIETA
Ya pasa de la media noche de un sábado. La ciudad de México no duerme. Sus venas se llenan de vehículos noctámbulos. La gente corre presurosa para alcanzar el último tren del metro o camión del metrobús. Pero, ¿qué ocurre cuando el último tren o el último camión ya pasó?

Viviendo en el subsuelo

Con pantalones amarillos, calcetas largas y coloridas, zapatos grandes, cara pintada, ojos rojos por la juerga de la noche y una sonrisa inocente; un simpático payaso baja las escaleras de la estación del metro La Raza. Pide un boleto, pero la taquillera ya hizo el corte del día. “¡Puede pasar así!”, le autoriza, faltan algunos minutos para cerrar la estación.

Apresurado, con un ligero aspecto de embriaguez, el cándido personaje tropieza con el torniquete al intentar brincarlo. Entonces decide pasar a gatas por debajo de él. “¡La puerta está abierta!”, grita Esperanza Sánchez, taquillera que ha terminado su jornada. “¡Ah, perdón!”. Apenado, corre y se pierde en la oscuridad del Túnel de la Ciencia.

El metro de la Ciudad de México cierra sus 175 estaciones a las 12:30 de la noche. Los elementos de Seguridad Pública que las resguardan y las defienden de “los drogadictos, los alcohólicos y los pedinches”, permanecen dentro de ellas, después de asegurarlas con candados, hasta las 6 o 7 de la mañana, su hora de salida.

Este sistema de transporte permite viajar a casi cinco millones de personas diariamente, es el tercero en el mundo, superado sólo por Moscú y Tokio, según datos de su página en internet. Sin embargo, cuando llega la hora del cierre, otra gran cantidad de personas que vive de noche no puede beneficiarse de sus servicios. Cuando el tren ya pasó, los policías se encargan de desalojarlas. “Se les habla cordialmente, se les invita a que se retiren, y ya. Si no, se buscan otros medios” explica Victorina López, policía de la estación Insurgentes.

Gerardo Martínez espera el metro esta noche. “Es más seguro el metro que el metrobús, en el metrobús no hay policía. Aquí al menos puedes gritar o cualquier cosa, pero en el metrobús, no” hace la aclaración de su preferencia. Viene desde el metro Consulado y se dirige a Indios Verdes. “Yo he alcanzado al de las doce y media y si no lo alcanzara, agarro un carro”.

Ruleteros nocturnos

Es medianoche. Como todos los días, abre la gran puerta gris y espera al taxi que ha llamado al sitio minutos antes. Con uniforme en blanco y negro, la cara maquillada y el cabello siempre suelto, se recarga en la pared de la casa esperando a “su confidente”, un personaje de baja estatura que tiempo después sale de su vehículo para abrirle la puerta y saludarla de manera efusiva, y es que... “es más que un taxista, es un amigo, que [me] escucha y me cuida”.

Es como lo denuncia Raúl Pérez Méndez, conductor de un radio taxi en Reforma, “el trabajo como chofer es bonito y reconfortante, aquí nos volvemos psicólogos, nos volvemos doctores, nos volvemos cupido, nos volvemos todo y principalmente la discreción”.

Así, miles de historias se conocen a diario por los conductores de taxis, pues “en la ciudad de México hay el más alto número de taxis en el mundo, alrededor de un automotor de este tipo por cada 100 habitantes”, como explica en La Jornada, Ricardo Olayo Guadarrama.

El servicio del taxi resulta “una de las mejores alternativas de transporte en las noches”, comenta Alicia Martínez, quien con su uniforme de mesera, sube al taxi.

Desafortunadamente, como calificó antes la joven, no todos los lugares de la Ciudad de México cuentan con transporte nocturno, como el caso del Metrobús en Insurgentes. “¡¿Qué no saben que la noche de Naucalpan también vive?!”, suspira...

Por ello, los taxistas son “como héroes de la noche”, que se enfrentan a peligros y corren riesgos, sólo para que al día siguiente puedan encontrar una moneda en su bolsillo, pues “no crean que ganan mucho los taxistas, porque es bastante la competencia", declaró Andrés Manuel López Obrador en La Jornada.

Además se tenían registrados en la Secretaría de Transporte y Vialidad (Setravi) 105 mil vehículos sin itinerario fijo -taxis- de los cuales 90% correspondía a libres y el resto a taxis de sitio.

Pero no se registraron los demás tipos de taxis, pues en la Ciudad de México operan seis: el Volkswagen, con banderazo inicial de 5.30 pesos; el Tsuru, de 6.40; el de sitio, de 9.70; el radio taxi, de 20; el del aeropuerto y el de turismo. “En ese orden es el costo y la seguridad”, aclara Raúl Pérez.

Los peligros que los taxistas enfrentan son básicamente accidentes y asaltos. “El principal que puede correr es que venga otro automóvil en estado de ebriedad y lo impacte a uno. Los asaltantes, igual, pero el principal factor es el alcohol en la calle”, menciona el conductor del radio taxi.

Para algunos, como los taxistas Efraín Puente, Bulmaro Martínez y Julio Torres, dichos riesgos no se pueden evitar, pero para otros sí. Raúl Pérez, por ejemplo, comenta que los taxistas toman un curso, en donde les enseñan a manejar a la defensiva (para evitar los choques). “Yo tengo que saber qué es lo que va a hacer el de adelante, el de atrás, el de un lado y el del otro”.

El asalto es todavía más difícil de prevenir, porque “tú puedes venir bien arreglado, pero muchas veces nos llegan a asaltar así” dice Julio Torres. A Raúl Pérez lo “asaltaron dos señoritas a las 4 de la tarde, a lo mucho de 20 años y con pistola en mano”, por ello los taxistas evalúan a las personas antes de subirlas, las seleccionan.

Hay ciertas tácticas, “traigo la ventanilla hasta arriba o casi hasta arriba. Traigo los seguros abajo. Usted al preguntarme cuánto me cobra me está viendo a los ojos, no me está viendo el coche. Entonces, ya me doy cuenta si usted me va a asaltar o no” comenta Raúl.

Los pasajeros también están expuestos a los peligros; para evitar ser sorprendidos, los taxistas Efraín, Bulmaro y Julio recomiendan que el pasajero nocturno se fije en “la cromática, que sea la oficial, número de placas, ya sea de sitio o sea libre; licencia y tarjetón visible y que no esté polarizado... y la forma de vestir del chofer”.

Raúl Pérez, mientras circula sobre Reforma, opina que “lo primero que tienen que hacer las autoridades es hacernos un estudio psicológico para ver si no estamos mal de nuestras facultades mentales, porque nosotros tenemos el volantito y los que corren el riesgo son ustedes”.

“Ahora lo que se ha acrecentado mucho es el servicio del radio taxi por la misma seguridad” afirma Raúl y deja pasar al metrobús que avanza sobre Insurgentes en el cruce con Reforma, transporte que también se dedica a deambular por la noche.

“¡Decían que era lentobús, pero no es lentobús, es rapidobús!”

Santiago Rubio come una naranja sentado en el primer asiento del metrobús con dirección a Doctor Gálvez. Su hija, que trabaja en un restaurante, lo espera en la colonia Del Valle.

La medianoche está cerca y el metrobús dejará de funcionar, pero a Santiago no le preocupa porque “cuando se cierra este metrobús, de todos modos andan los nocturnos...”

Desde julio del 2005, el metrobús, sistema de transporte rápido por autobús en la Ciudad de México, funciona con 80 autobuses que recorren veinte kilómetros desde Indios Verdes hasta San Ángel. Pero cuando anochece, su sistema alternativo entra en acción.

“Ahorita tienen la facilidad del metrobús. Salen y si van a la dirección a que va el metrobús, pues ya la hicieron” comenta Esperanza Sánchez, taquillera del metro, quien a pesar de contar con transporte de personal, prefiere el ray que le da una amiga.


El metrobús nocturno: otra alternativa

El metrobús nocturno funciona de las 12:25 de la noche a las 5 de la mañana y tiene un costo de 5 pesos que se pagan directamente al conductor.

A diferencia del metrobús que recorre insurgentes todo el día, el nocturno “es un camión más reducido, de 12 metros de largo y es estándar. Tiene más problemas, no hay un carril confinado, ahí va uno conforme el tráfico” explica el operador Rafael Cisterna.

“En la combi que era antes el servicio nocturno, tardabas una hora y media de San Ángel a Indios Verdes. Ahora en el metrobús, sea la hora que sea, son 40 o 50 minutos de viaje. Es mejor” califica Freddy Gutiérrez, cheff, quien como otras personas del ramo, ha salido beneficiado con el servicio.

“Hay mucho restaurante, hay muchos meseros, cocineros y demás, en todos los centros nocturnos. Sí lo utilizan, pero donde hay mayor usuario es jueves, viernes y sábado” relata el operador.

Rafael Rosas, mesero, viaja hasta el Ajusco y considera que “debería haber otras rutas más, para otras rutas principales”. Él, Freddy y Santiago reconocen que en el metrobús nocturno nunca los han asaltado, a diferencia de “cuando había micros y camiones”.

Presto para cumplir su misión, el metrobús para desvelados, con sus ocho unidades, viaja a toda velocidad sobre Insurgentes y mientras lo espera, María de Jesús Ramírez opina que “decían que era lentobús, pero no es lentobús, es rapidobús”.

2 Comments:

At 4:11 PM, Blogger Rafael Montes said...

Ah, qué recuerdos me ha traído leer esto. Eran los inicios. Eran los tiempos en que soñábamos con andar en la calle, buscando información, entrevistando a la gente. Aún recuerdo esa sensación de nerviosismo que me invadió cuando tuvimos que subir al Metrobús nocturno a entrevistar a sus pasajeros. En esos tiempos, no conocíamos la ciudad de noche. Y nos creíamos los grandes reporteros. Ésa, como tantas otras experiencias, nunca las olvidaré, son las más valiosas de nuestro estimado camino por convertirnos en reporteros. Hoy la vida nos mira distinto. La ruleta ha girado y afortunadamente, seguimos en nuestro empeño por ser los mejores reporteros del mundo. Me alegra que hayas subido esto a internet. Rescatas de la vorágine del tiempo un trabajo que marcó el inicio de nuestra, aún incipiente, trayectoria. Buena suerte, pues, y saludos.

 
At 8:49 PM, Blogger notasrescatadas said...

"Lentobús" xD
Me reí todo el día de esa palabra, aquí todo es = a lo que describes..

:D





::::::::::::Laescritorafrustrada

 

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